[Gijón 2015] Días 1 y 2: Sebastián Silva pone patas arriba el cine indie ‘made in USA’

Arrranca la 63 edición del FICX con la nueva película de Ripstein y recuperamos la ganadora de Sitges.

Por - 22 de noviembre de 2015

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  • ¿De qué se habla hoy en Gijón? De que siendo los primeros días ya se ha visto algo inaudito: escapadas de la gente en alguna de las películas. De las salas de los Cines Centro, bastante llenas para ser la jornada inaugural, aunque habrá que ver cómo se comporta el público más allá del fin de semana. Y de Apichatpong Weerasethakul, claro, pues el director tailandés ya está por la ciudad para presentar el ciclo que se le ha dedicado a su figura, una de las más importantes de la cinematografía asiática de las dos últimas décadas.

    ¿Qué hemos visto? Nasty Baby de Sebastián Silva, una cinta que pone patas arriba las convenciones del cine independiente ‘made in USA’ sin aparente esfuerzo. Y lo hace desde la naturalidad y no la distancia irónica, tan habitual últimamente, centrando su mirada en tres personajes principales -una pareja gay y la amiga de ambos, que quiere tener un hijo a toda costa- ricos en matices y magníficamente interpretados por el propio Sebastián Silva, Tunde Adebimpe y la siempre cumplidora Kristen Wiig. El tono de la película es el esperado, una dramedia que coge elementos del mumblecore para reducir al mínimo las distracciones, apostando además por un guión realmente divertido e imaginativo; un muy buen trabajo de Sergio Armstrong, la forma en que explota su tercer acto y el cuidado por la construcción de sus protagonistas la convierten en un film digno de ver y quizá el trabajo más equilibrado del director chileno hasta la fecha, o por lo menos, a la altura de aquel que le puso en el mapa allá por 2009, La nana.

    Como la anterior, La calle de la amargura de Arturo Ripstein forma parte de la sección oficial del festival y en este caso venía avalada por otros certámenes internacionales como Venecia y Toronto. Ripstein regresa al melodrama descarnado y la imagen realista y cruda de Las razones del corazón (2011), funcionando esta como una extensión de la anterior a nivel puramente formal y de puesta en escena, un trabajo casi teatral que va hilvanando la historia de tres familias que acabarán encontrando un punto en común en algún momento de la narración. El problema no es tanto su estructura como la sensación que queda de que el guión de Paz Alicia Garciadiego, fiel colaboradora del realizador (firmó los libretos de Profundo carmesí o El coronel no tiene quien le escriba, entre otros) carece de fuerza y se queda en lo puramente anecdótico. Y aunque ofrece momentos de verdad, de puro arrebato creativo -y unos últimos 20 minutos notables-, tarda demasiado en llegar a todo lo que pretende. Lo único que escapa al sabor amargo en esta película es la fotografía en blanco y negro de Alejandro Cantú, que consigue momentos excelentes.

    Aleksei German ofrece su visión de la Rusia actual (aunque se permite el lujo de adelantar dos años el tiempo para no pillarse los dedos) con Under Electric Clouds, una película vigorosa, realmente interesante, que se estructura en siete partes y en cada una de ellas pone foco en un personaje diferente. El nexo de unión es un edificio modernista que se adivina en el horizonte y que funciona como testigo mudo de la situación del país, y toca todos los palos: desde los que viven allí, gente de paso, inmigrantes que llegan con esperanzas de una vida mejor o personas asentadas, de alta cuna, que deciden no seguir los caminos predefinidos para ellos. La forma en que captura el paisaje, con lentos travellings y planos generales, relegando a los actores a pequeños espacios del plano, demuestra una intención que va más allá de la narrativa convencional para ofrecer algo más abstracto, como en el Stalker de Tarkovsky, aunque sin llegar tan lejos. Hablábamos de escapada en las salas y en esta película al menos una docena de espectadores tuvieron la tentación de irse antes de que sus 138 minutos pasasen por sus ojos hasta llegar a los créditos finales. Ellos se lo pierden, claro está, porque Under Electric Clouds, siendo mejorable (su tramo final está algo diluido y le falta cierta contundencia) es esa clase de cine que no se limita a mostrar; también hace partícipe al espectador para que avance a su mismo ritmo.

    También, recuperamos el film ganador del Festival de Sitges. Sí, como suena: nos perdimos The Invitation de Karyn Kusama entonces y gracias al FICX hemos podido saber qué fue lo que gustó tanto al jurado para concederle el premio gordo. Visto el film, se entiende más o menos que se lo llevase, no tanto por su calidad como por su estructura in crescendo ‘muy de Sitges’, de aplausos en cada una de las situaciones clave. Eso y que por algún motivo, las películas sobre sectas tienen bastante pegada por aquellas tierras. En verdad, The Invitation no es ninguna maravilla pero juega algunas de sus cartas de forma inteligente, logrando por momentos una atmósfera opresiva y manteniéndonos alerta por lo que pueda pasar en cualquier momento. Hay mal rollo en sus personajes, se respira que algo oscuro hay tras las imágenes, y Kusama a través de una realización solvente lo mantiene casi todo el rato. Por desgracia, también cae en la trampa de eventualmente ceder a las sorpresas argumentales para hacer avanzar las cosas, centrar el punto de vista en un personaje desconfiado para poco a poco posicionar al espectador. Ahí es tramposa, y algo torpe, pero es innegable que es entretenida y que es un avance con respecto a la obra de su autora. Además, otro factor realmente inquietante es el propio protagonista, Logan Marshall-Green, un doppleganger de Tom Hardy al que es imposible ver con otros ojos después de esta película: separados al nacer.

    Por último, Krisha de Trey Edward Shults ha sido el film encargado de abrir la sección Convergencias, en la que films propuestos por la crítica e inéditos en España son proyectados para el público con la intención de aportar una mirada más amplia de las producciones internacionales que escapan a los circuitos locales de distribución. En este caso, se trata de un film centrado en una familia con una clara oveja negra, una película vaiente, arriesgada, que no se corta en ningún sentido y llega tan lejos como quiere a través de una extraordinaria interpretación de todo su reparo pero sobre todo, de su actriz principal, Krisha Fairchild. Si en Celebration se rompía la familia con un escándalo a mitad de la trama aquí se resquebraja ya desde el principio y nunca sabemos realmente los motivos, siendo todo una excusa para explorar la psicología de sus personajes y llevarlo a un terreno que resulta incluso incómodo de ver; a todo esto contribuye un montaje no lineal realmente notable, y algunas imágenes perturbadoras que se graban a fuego en la memoria. Shults había sido colaborador de Terrence Malick en filmes como El árbol de la vida y se nota, pero sobre todo, por su forma pesadillesca de representar las situaciones más cotidianas a quien verdaderamente recuerda es al último Lynch. Merece la pena.

    ¿Qué nos hemos perdido? Sólo Phantom Boy por ahora, de la pareja Alain Gagnol y Jean-Loup Felicioli (nominado al Oscar por su anterior largometraje animado, Un gato en París). Ha sido el film encargado de abrir una de las secciones que más alegrías nos da en este festival, Animaficx, y la veremos en los próximos días. De momento, eso sí, no ha generado mucho entusiasmo.

    Termómetro: Las dos películas que hemos visto en sección oficial destacan por lo mismo: su reparto. Así que tanto Nasty Baby como La calle de la amargura pueden optar a estos galardones. A esta última habría que sumarle el premio a la mejor fotografía para Alejandro Cantú (es lo más destacado del film, con diferencia). Pero nos sorprendería que el pescado estuviera ya vendido en una única jornada. Esperamos sorpresas y filmes más contundentes.

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