¡Felices 100 años, Robert Mitchum!

El actor con la mirada de soslayo más icónica del cine clásico hubiera celebrado su centenario este 6 de agosto.

Por - 06 de agosto de 2017

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  • Protagonizó más de 120 películas y producciones televisivas, pero jamás logró el Oscar de Hollywood, a pesar de que nadie como Robert Mitchum (1917-1997) conseguía transmitir sólo con la mirada la amenaza de la violencia y la ternura más profunda.

    Con motivo del centenario de su nacimiento y al calor del ciclo actual que le está dedicando Filmoteca Española en Madrid, aprovechamos para repasar las bondades del actor, crecido en un ambiente desarraigado que le llevó primero a callejear cuando era adolescente y, con los años, finalmente a convertirse en icono del cine americano.

    En papeles de psicópata, de seductor o de amable patriarca, Mitchum, que sólo pisó la alfombra roja de la Academia en 1946 (cuando fue nominado por También somos seres humanos, de William A. Wellman), dejó para la historia del cine títulos imprescindibles como Retorno al pasado (Jacques Tourneur, 1947), La noche del cazador (Charles Laughton, 1955) o La hija de Ryan (David Lean, 1970). Era, lo que se dice, un tipo versátil.

    Porque Robert Mitchum fue el actor de las dos caras. La del amor…

    La noche del cazador (Charles Laughton, 1955)

     

    … y la del odio.

    La noche del cazador (Charles Laughton, 1955)

     

    Por algo se convirtió en el mejor rostro del cine noir americano.

    Regreso al pasado (Jacques Tourneur, 1947)

     

    Porque encarnaba a la perfección el arquetipo de antihéroe extraviado.

     

    Camino de odio (Arthur Ripley, 1958)

     

    Y porque era un tipo que sólo con la mirada llenaba de violencia la pantalla.

    El cabo del miedo (J. Lee Thompson, 1962)

     

    Aunque también sabía bailar…

    Con sus mismas armas (Richard Wilson, 1955)

     

    …y cantar…

    Rachel y el forastero (Norman Foster, 1948)

     

    …o conquistar a mujeres como Marilyn Monroe.

    Río sin retorno (Otto Preminger, 1954)

     

    Por lo que era cuestión de tiempo que probara en la comedia musical.

    Ella y sus dos maridos (J. Lee Thompson, 1964)

     

    Y en el melodrama, dejando de lado su faceta de cachas insensible.

    La hija de Ryan (David Lean, 1970)

     

    El thriller crepuscular tomó un nuevo sentido cuando interpretó a Philip Marlowe, discutiéndole el rol al mismísimo Humprey Bogart.

    Adiós, muñeca (Dick Richards, 1975)

     

    Y en su otoño profesional, como si fuera un samurái occidental, llegó a enfrentarse a la temible mafia japonesa.

    Yakuza (Sydney Pollack, 1974)

     

    La comedia también se aprovechó de su presencia y al actor no le tembló el pulso con la versión más malota de Bill Murray.

    Los fantasmas atacan al jefe (Richard Donner, 1989)

     

    Era lógico, por tanto, que la cinefilia le rindiera el consecuente homenaje: la ‘road movie’ de Jim Jarmusch con Johnny Depp fue uno de sus últimos papeles y un trabajo que daba cuenta de su inmenso carisma.

    Dead Man (Jim Jarmusch, 1995)

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    Y es que este género ya ha dado muchos títulos imprescindibles