El cine de terror, ¿la salvación de Hollywood en 2016?

Mientras los grandes blockbusters se estancan, los monstruos de bajo presupuesto, pero con ideas, salvan las cuotas de rentabilidad de los estudios

Por - 22 de agosto de 2016

No creemos exagerar si decimos que, durante este verano (y casi que durante 2016, en general), la profusión hollywoodiense de blockbusters ha resultado muy decepcionante. Con excepciones (el inevitable subidón Marvel de Capitán América: Civil Warpor ejemplo), cintas de las que se esperaba todo han acabado rayando muy por debajo de las expectativas: el remake de Cazafantasmas firmado por Paul Feig se llevó opiniones positivas (dejando aparte las bochornosas circunstancias que rodearon a su promoción y estreno), pero sus resultados comerciales han sido menos que tibios, mientras que Escuadrón Suicida ha distado mucho de ser la reválida del Universo DC que muchos esperaban tras Batman v Superman: El amanecer de la justiciaEntre batacazos sonoros (Alicia a través del espejo, La serie divergente: Lealy resurrecciones vintage que no han cuajado entre el público joven (Independence Day: Contraataque), esa mentalidad de Hollywood según la cual más presupuesto y más marketing equivalen a más beneficios está sufriendo una dura prueba. Sin embargo, los estudios están venteando una posible salvación, que podría llegarles de un lugar oscuro, profundo y siniestro. Porque, frente a los mastodontes multimillonarios, el cine de terror sigue siendo un género barato, cuyos filmes más originales pueden seducir a los críticos y, lo más importante, seguido por millares de fans dispuestos a pasar por taquilla.

Durante este verano, este resurgir de los sustos como esperanza de Hollywood ha tenido un nombre: Nunca apagues la luzSegún señala The Wrap, David F. Sandberg ha dado en la diana convirtiendo su corto de 2015 en largometraje. Rodada con un escueto presupuesto de 5 millones de euros, la película obtuvo 99,5 millones de dólares (cerca de 90 millones de euros) en el mercado internacional. Algo que dista de situarla en la lista de los filmes más taquilleros del año (actualmente, ocupa el puesto 41 en el ranking de Box Office Mojo), pero que sí lo coloca de largo entre los más rentables. Aunque quedó por debajo de Star Trek: Más allá en su primer fin de semana estadounidense (22-24 de julio), Nunca apagues la luz superó a Ice Age: El gran cataclismouna película rodada con veinte veces más dinero. El resultado ha hecho que los ejecutivos de New Line Cinema (coproductora del filme) recuerden su época de los 80, cuando la saga Pesadilla en Elm Street era la principal fuente de ingreso del estudio. Y un empleado de la otra compañía responsable, Warner, describe estos resultados con menos sutileza: “Jodidamente alucinantes”.

¿Más ejemplos? Pues tenemos uno dirigido por James Wan, productor de Nunca apagues la luz. Aunque cualquiera diría que Expediente Warren: El caso Enfield ha sido un fracaso, dado que su recaudación fue un 25% inferior a la de la primera parte, lo cierto es que no es así: pese al bajón en taquilla, la película ha satisfecho su umbral de rentabilidad, dado que costó 40 millones de dólares y se ha llevado 318 millones en taquilla. De acuerdo con The Wraplas nuevas aventuras de los exorcistas Patrick Wilson Vera Farmiga tuvieron más beneficios en EE UU que la mismísima Civil War. Y hay otros casos: Election: La noche de las bestias costó 10 millones de dólares y ha amasado 100 millones, mientras que Calle Cloverfield 10 se llevó 108 millones de dólares habiendo costado 15 millones. Todo un órdago para J. J. Abrams, si nos preguntan. También es digna de mención Infierno azul: 17 millones de presupuesto, 75 millones en el mercado internacional para Blake Lively, su bikini y su tiburón.

En general, según analiza Salonestamos ante un patrón reconocible. Por un lado, los presupuestos de las grandes superproducciones se inflan cada vez más (eso, sin contar con unos gastos en marketing absolutamente desaforados), algo que convierte los tropiezos medianos en batacazos épicos: cuando el coste de un filme supera los 100 millones de dólares, las alternativas son, o llevarse al público de calle, o registrar pérdidas astronómicas. Sin embargo, aquí hablamos de cintas que, incluso en sus ejemplos de mayor lujo, se atienen a presupuestos medianos o bajos (entre 5 y 60 millones de dólares), fáciles de cubrir a poco que el producto rule en los cines, o incluso de compensar con la edición en dvd. De esta manera, los estudios podrían estar dándose cuenta de lo evidente: para gustar, y para hacer beneficios, una película no necesita gastarse el PIB de un país pequeño. Sólo precisa de una idea con gancho y de una buena realización. “Podemos recuperar todo nuestro presupuesto de rodaje en un solo fin de semana”, alardea el productor de Election: La noche de las bestias, Brad Fuller.

La verdad, todo esto nos suena de algo. O de mucho: en el ecuador de la década de 1960, después de que proyectos ruinosos como Cleopatra dejaran temblando las cuentas de las majors, la industria del cine recuperó su pulso dándole cancha a los jóvenes creadores del ‘Nuevo Hollywood’, un movimiento que no sólo nos dio El padrino Taxi Driver, sino también El exorcista Carrie. Mientras tanto, otras cinematografías (Gran Bretaña, Italia e incluso España) producían títulos como Amenaza en la sombra, Suspiria ¿Quién puede matar a un niño?. Hablamos de filmes que no sólo caían bien en las taquillas, sino que recibían buenos veredictos críticos, y que han alcanzado el estatus de clásicos. Que el género de terror atravesó una (espantosa) edad de oro durante los 70 es algo bien sabido. Ahora, cabe preguntarse si este fenómeno volverá a repetirse: La bruja, El regalo, Tú eres el siguiente, It Follows Babadook son algunas de las películas recientes que han aunado el respaldo de los fans del género con buenas (o muy buenas) opiniones en la prensa.

Si algo sabemos de Hollywood tras estudiar su historia, es que sus responsables sólo aprenden a palos. De esta manera, es posible que esta temporada tan mustia para las superproducciones lleve a los estudios a confiar más en proyectos más pequeños y menos dependientes del marketing, que devuelvan al cine de género a territorios más modestos, pero también más imaginativos. Claro que esto también puede tener sus desventajas: ahí quedan esos 80 en los que las grandes ideas de la década anterior se fueron diluyendo entre secuelitis, cutrez y fórmulas repetidas. Pero, ante el estancamiento actual, cualquier cambio será bienvenido. Y si, al hilo de esta evolución, las majors se acuerdan además de dar luz verde a dramas y comedias de presupuesto medio, pues eso que ganamos todos. Por lo pronto, le debemos nuestro agradecimiento a los monstruos y los fantasmas: gracias a ellos, la industria ha dado un buen respingo en la butaca.

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