[Opinión] Donald Trump tiene razón sobre Hollywood (pero él no lo sabe)

Acusando a las películas violentas de los tiroteos escolares, el presidente de EE UU ha señalado una verdad: el sistema de calificación de Hollywood está podrido y necesita cambiar

Por - 23 de febrero de 2018

Nadie como Donald Trump para nutrir a la prensa de titulares delirantes. Tras el reciente tiroteo en un instituto de Parkland (Florida) que dejó 17 víctimas, entre estudiantes y profesores, el presidente de EE UU ha afirmado que dichas situaciones se evitarían armando a los profesores, los bedeles y los empleados de las cafeterías escolares. Tras el rechazo popular a sus declaraciones, Trump ha proseguido atacando a dos chivos expiatorios habituales en estas alarmas: el cine y los videojuegos. Y con ello ha expresado una verdad dolorosa sobre la industria de Hollywood, sospechamos que sin darse cuenta.

Tras culpar al ocio electrónico de las masacres escolares (“La violencia de los juegos está moldeando las mentes de los jóvenes”), el mandatario pasó a despacharse contra el séptimo arte. “Sabemos que hay películas muy violentas y que, sin embargo, un niño puede verlas si no hay sexo en ellas”, afirmó Trump. Y añadió: “Tal vez sea necesario implantar un sistema de calificaciones”.

 

Esta última declaración ha suscitado burlas en las webs de cine estadounidenses, claro: dicho “sistema de calificaciones” existe, gestionado por una entidad llamada Motion Picture Association of America (MPAA). Y, precisamente, ha sido denunciado en varias ocasiones por estar intrínsecamente podrido… entre otras cosas, dada su insistencia en favorecer a las películas violentas frente a otras con una carga sexual superior a la media, diálogos con palabras malsonantes o protagonistas no heterosexuales.

Como denunciaba en su día el documental Los censores de Hollywood (2006), el sistema de calificaciones de la MPAA se vuelve muy indulgente ante la violencia en algunos filmes. Ojo, porque no hablamos de producciones indie o de películas de terror de bajo presupuesto: hablamos de blockbusters como Los mercenarios 3que recibió la calificación ‘PG-13’ (los menores de 13 años pudieron verla acompañados de un adulto) pese a ser una oda a la acción más bruta y ochentera.

Mientras tanto, en un caso que se comentó mucho en su día, el inocuo dramón histórico El discurso del rey fue calificada como ‘R’ (vetada a menores de 17 años no acompañados) por los insultos que el monarca Colin Firth profería para curarse de su tartamudez. Esa misma etiqueta le fue endosada a Mi nombre es Harvey Milkun biopic sin apenas contenido polémico… salvo por el hecho de que su protagonista era un icono del movimiento LGBT en Estados Unidos. La lista de las películas ‘R’ más taquilleras incluye muchas películas de acción, pero también comedias de culto como El principe de Zamunda Supersalidos y dramas como Rain Man Erin Brockovich. Con decir que la mismísima Pretty Woman se llevó este sello, pocas explicaciones hacen falta.

El director de Los censores de Hollywood, Kirby Dick, denunciaba en su película varias realidades muy puñeteras sobre la MPAA. Además de la discriminación contra las películas de temática LGBT o su obsesión (que llega a ser cómica) por los tacos o el sexo, Dick señalaba que la entidad trata con mucha más benevolencia a las películas de los grandes estudios que a los trabajos independientes. Por su parte, el cine europeo o asiático suele llevarse el palo más temido de todos (la calificación NC-17, que prohibe a los menores de 17 años la entrada a la sala) en cuanto se le ocurre ponerse transgresor.

En todo caso, las calificaciones de la MPAA les quitan el sueño a las productoras (grandes y pequeñas) por una razón: tienen una importancia decisiva en la recaudación de una película. Hasta la llegada de filmes como Mad Max: Furia en la carretera, Deadpool Logan,  no se concebía que una película ‘R’ pudiera ser un blockbuster. Y, en esta época cada vez más obsesionada por los rankings de taquilla, es normal que las majors teman a la entidad censora como a una vara verde. De hecho, la vía de escape habitual para estas situaciones es la ‘PG-13’ (menores de 13 años acompañados), una solución de compromiso que nació a resultas de las presiones de Steven Spielberg: en 1984, el hombre de la gorra negoció con la entidad censora para que Indiana Jones y el templo maldito Gremlins pudieran llegar al público infantil pese a su violencia.

Así pues, las palabras de Trump tienen parte de razón… aunque por motivos que el presidente de EE UU no sospecha siquiera. Desde aquí no decimos que una película violenta pueda convertir a sus espectadores jóvenes en asesinos (nosotros nos criamos viendo películas de la Cannon en VHS y tampoco hemos salido tan mal), pero sí que el sistema de calificación de películas en la superpotencia necesita de una revisión urgente: quien piense que oír un insulto o un chiste verde es más lesivo para un chaval o una chavala que ver un tiroteo o un apuñalamiento, debería hacérselo mirar. 

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