2017: ¿El colapso de los superhéroes?

La invasión cinéfila de aventureros enmascarados llegará a su ápice dentro de tres años, con 10 títulos en cartelera. ¿Está a punto de estallar la burbuja?

Por - 05 de noviembre de 2014

Algunos afirman que se produjo en 1993. Otros fechan el desastre en 1996, por una razón muy sencilla: aquel fue el año en el que Marvel se declaró en bancarrota. En todo caso, los historiadores coinciden en que el ecuador de los 90 fue un momento trágico para el cómic de superhéroes. El deterioro en la calidad de las historias, con crossovers a mansalva y artistas de dudoso mérito imponiendo su ley, tuvo algo que ver: no por nada muchos marvel zombies veteranos sufren taquicardias cuando se les menciona a Rob Liefeld, Todd McFarlane o Scott Lobdell. Pero el auténtico detonante tuvo una índole más empresarial que creativa, porque hablamos de una pura y dura burbuja económica. Sin entrar en análisis más precisos (algo que nos llevaría un artículo entero), dejémoslo en que la proliferación de títulos, el aumento de las tiradas y la insistencia machacona en las ‘ediciones de coleccionista’ llevaron a la industria de las viñetas a saturar el mercado, produciendo más material del que su público podía asimilar. Tras el subsiguiente derrumbe, durante el cual las ventas de cómics disminuyeron en un 70%,  los aventureros disfrazados pasaron a ser la sombra de lo que fueron… Hasta que llegó el cine.

Ahora, el 20 aniversario de la quiebra de Marvel está a dos años vista. Y muchos preferirían olvidarlo, porque la Casa de las Ideas atraviesa un momento pujante:  basta con observar la pompa y el boato que rodearon a la presentación de su Fase 3 para saberlo. Convertido en la mayor fábrica de blockbusters de Hollywood, el estudio parece convencido de que puede convertir cualquiera de sus productos en una mina de oro, desde un exitoso experimento como Guardianes de la galaxia hasta personajes no demasiado conocidos para el gran público, como Pantera Negra, el Doctor Extraño o los Ihumanos. Mientras tanto, DC Comics (la ‘Distinguida Competencia’ de la que tanto se ha reído siempre Stan Lee) anda empeñada en una puesta en valor de su catálogo cinematográfico, con Zack Snyder como eminencia gris y todo el poderío facilitado por su vinculación a Warner Bros. Así, ese Superman resucitado en El hombre de Acero y ese nuevo Batman con el rostro de Ben Affleck formarán parte de un universo compartido en el cual alternarán con Wonder Woman (Gal Gadot), Aquaman, Flash, un Linterna Verde también rebooteado y demás personajes de la casa. Eso sin olvidar a Fox Sony, dos majors dispuestas a hacerse con su parte del pastel merced a X-Men, los Cuatro Fantásticos y Spiderman.

¿A dónde nos lleva esto? Pues a un calendario recién actualizado por la web Comics Alliance, que unifica fuentes y condensa informaciones para llegar a un hecho cierto: en 2017 se estrenarán 10 películas de superhéroes. Diez títulos cuyo número supondrá un incremento casi exponencial respecto a los años anteriores. Durante 2014 hemos visto cinco filmes del género: las secuelas de Capitán América The Amazing Spider-Man, Guardianes de la galaxia y X-Men: Días del futuro pasado. El año que viene supondrá un mediano receso: DC ha preferido no competir contra la presencia rompetaquillas de Los Vengadores: La era de Ultrón, de modo que ‘sólo’ veremos esa Ant-Man que (por las circunstancias de todos conocidas) podría ser el primer batacazo de Marvel en su trayectoria, y el reboot de Fantastic Four a cargo de Josh Trank que tantas zozobras ha despertado. En 2016, cuando se cumplan dos décadas del hundimiento de los superhéroes de cómic, la fiebre comenzará en serio. Doctor Strange, X-Men: Apocalypse, Captain America: Civil War y, sobre todo, Batman v Superman: Dawn of Justice aparecerán junto a dos proyectos de perfil más dudoso, protagonizados además por sendas agrupaciones de supervillanos: Suicide Squad (con los malosos de DC) y Sinister Six, la pandilla formada por los peores enemigos de Spiderman. Además de la eternamente pospuesta reaparición de Ryan Reynolds como Deadpool. A esas alturas, es posible que el público empiece a sentirse un poco harto de tanto superpoder y tanto uniforme.

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Y, por fin, llegaremos a 2017, el año en el que DC y Warner se jugarán el todo por el todo con Justice League Wonder Woman. Y también el año en el que Marvel presentará Black Panther en sociedad, seguirá explotando el filón con Guardians of the Galaxy 2 y pondrá punto y final a su trilogía menos afortunada (hasta el momento, claro) con Thor: Ragnarok. Aferrándose a sus propiedades, Fox lanzará Lobezno 3, más la secuela de Fantastic Four, mientras que Sony aportará su granito de arena con dos spin offs de la saga arácnida: Venom: Carnage y otro proyecto, aún sin título y del que sólo se sabe que tendrá a una heroína por protagonista. Entre tanta proliferación, el hecho de que la décima película de la lista sea Lego Batman parece casi un chiste. Y, aunque el número de estrenos vaya a descender durante los dos años siguientes (en espera, claro, de que se anuncien nuevos proyectos), recordemos que en 2018 y 2019 nos llegarán las dos entregas del díptico Avengers: Infinity War, más esa Captain Marvel que podría tener como protagonista a Jessica Chastain e Inhumans, un lanzamiento en el que Marvel tiene puestas todas sus complacencias. Ademásde las películas de DC sobre los miembros de la Liga de la Justicia, de nuevos exponentes de la franquicia X-Men, de… En fin, esperamos que la cosa haya quedado clara gracias a este ladrillo.

Volvamos al comienzo de nuestro artículo y cotejemos. Esta situación hacia la que vamos encaminados, con las dos grandes del sector superheróico inundando la cartelera, ¿no recuerda a la euforia que precedió al crash de las viñetas en 1996? A nosotros sí nos la recuerda, y mucho. Pese a las diferencias circunstanciales, muy bien explicadas (en inglés) por un artículo de The Weekly Standardrecordemos esto: hace 18 años, las editoriales de cómic de superhéroes se encontraron con que, creyendo tener entre manos la gallina de los huevos de oro, en realidad se habían pasado años aferradas a un jirón de humo. El guionista Neil Gaiman comparó dicha situación con la ‘tulipomanía’, ese colapso económico que derrumbó las finanzas de los países bajos en 1637 y que (como se complacía en recordar Michael Douglas en Wall Street: El dinero nunca duerme) tuvo su epicentro en el comercio de bulbos de tulipán. “Un buen día, las burbujas estallan y los tulipanes se te pudren en el almacén”, sentenció entonces Gaiman tras calificar dicho auge de “inmoral y estúpido”. Aplicando grosso modo la misma plantilla, podemos decir que actualmente asistimos a un boom. Y, como nos ha enseñado dolorosamente la economía del mundo real, a todo boom suele sucederle el crack de rigor: si bien la industria del cómic en EE UU ha acabado recuperándose, mal que bien, del desastre, actualmente sus ventas apenas alcanzan una décima parte de lo obtenido durante sus años de esplendor. Nosotros no creemos pecar de pesimistas si decimos que este mismo modelo puede aplicarse a la gran pantalla.

Recordemos la siniestra profecía que Steven Spielberg George Lucas formularon el año pasado. “Va a producirse una implosión en la que tres, cuatro o puede que media docena de superproducciones se estrellen contra el suelo y eso cambiará el paradigma”, afirmaron el hombre de la gorra y el papá de Star Wars, lamentando que esta obsesión por las franquicias, las superproducciones y los tentpoles (películas que sirven de eje para una campaña de merchandising multimedia) dejase al cine de presupuesto medio e ideas originales sin espacio en la maquinaria de producción. Según esta fórmula, actualmente las majors han cifrado todas sus esperanzas en el cine de superhéroes, empeñándose en una doctrina del ‘cuanto más, mejor’ cuya eficacia a largo plazo resulta, cuanto menos, cuestionable. Por usar un ejemplo cercano: ¿recuerdas cuando, tras el éxito de Harry Potter Crepúsculo, mil y una productoras se lanzaron a comprar derechos de sagas literarias para jóvenes como si les fueran los dividendos en ello? Pues ahí están los resultados: salvo títulos que supieron aprovechar las circunstancias de la taquilla (Divergente, El corredor del laberinto) o que destacaron por una calidad superior a la media (Los juegos del hambre), ni Hermosas criaturas ni Cazadores de sombrasentre otros filmes, han justificado dicha moda. Una moda que, hoy por hoy, va derechita al cementerio de las ‘ideas geniales’ que acabaron por no serlo tanto.

Hace seis años, cuando Iron Man El caballero oscuro llegaron a los cines, muchos amantes del cómic de superhéroes se quedaron sin aliento. Tras décadas de sequía, ese material que tanto les había arrebatado en el papel parecía haber regresado al cine en versiones respetuosas, hechas con la pasión del fan y que no se contentaban con ser ganchos de bajo presupuesto para espectadores ya interesados. A día de hoy, por más que Kevin Feige, mandamás de Marvel, afirme que la ambición de su estudio es “ser como Pixar: un sello de calidad que despierte la confianza del espectador”, tal vez sus esperanzas no sirvan de mucho. Para empezar, Marvel parece estar despidiéndose de su mayor virtud: la capacidad de dotar a sus directores de una cierta libertad para emplear el género como una herramienta, en lugar de como un corsé de cemento armado. Y, para seguir, Pixar siempre ha ofrecido una amplia variedad temática, virtud que le permite maximizar su atractivo. Por mucho que las ‘películas Marvel’ se permitan ciertos asomos de libertad formal, su premisa básica siempre será la misma. Y si el público generalista constata que la calidad de esos productos mengua, o sencillamente se cansa de tan poca diversidad en la oferta, el auge de los superhéroes de cine habrá llegado a su final. Recordemos que en los 90, justo cuando la industria del cómic se enfrentaba a su ordalía, Hollywood experimentaba ese abandono del formato blockbuster  propiciado por el triunfo de Pretty Woman. 

Terminamos con un dato significativo: Ronald O. Perelman, uno de los ejecutivos responsables de la quiebra de Marvel en 1996, propició también el asalto al cine de la compañía. Tal vez la Casa de las Ideas debería recordar ahora esa historia (que tuvo incluso su versión en viñetas, una sátira titulada Comic Wars) para así tener presente que su actual pujanza podría mostrar en breve un reverso menos amable. En general, a los grandes mandamases de Hollywood les convendría aplicar a sus negocios cierto viejo refrán español: “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe”. El cuento de la lechera, suponemos, ya lo conocen bien, aunque no parezcan haber captado del todo su moraleja.

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