10 westerns de Ciencia-Ficción

Todos creemos conocer ese lugar de forajidos y pistoleros, de indios y vaqueros, de caballos y diligencias, pero desde el principio de los tiempos han surgido mutaciones la mar de creativas y extravagantes. Por DAVID ALAYÓN

01 de septiembre de 2011

Los westerns han tenido una infinidad de nombres a los largo de la historia del cine: pelis del oeste, de indios y vaqueros, una de tiros…  Pero si desgranamos el género descubriremos que existen nombres para cada una de las mutaciones de este clásico de la gran pantalla, por ejemplo: crepuscular, donde los héroes de acero dejan de ser héroes y los indios dejan de ser los malos de la peli; contemporáneo; donde el lejano oeste se traslada al cercano presente; northerns, donde la calidez del oeste se sustituye por los desiertos helados de Canada o Alaska; o los westerns con nombres temáticos dependiendo del país que pagaba los tiros: el archiconocido spaghetti western (Italia), el fallido chorizo western (España), el picante chili western (Méjico) o el especiado curry western (India).

Si indagamos un poco más encontraremos un universo paralelo: el weird west o “raro oeste”. En este subgénero tienen cabida todo tipo de historias rocambolescas al igual que mash-ups de épocas, personajes y estilos como el space western, donde los cowboys pilotan naves espaciales; sci-fi western, en el que los sheriffs trabajan a lo “Mulder y Scully”; y también horror western donde la matanza de Texas tiene lugar unos pocos siglos antes de que hubiera sierras mecánicas. Vamos a adentrarnos en este fascinante, extravagante y desconocido lejano oeste. No, si al final Cowboys & Aliens va a ser una película de género de las de toda la vida.

 

El pequeño oeste: The Terror of Tiny Town (Sam Newfield, 1938)

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¿Piensas que el weird west es un invento moderno? Pues vuelve a pensar. El primer intento de mostrar un western bizarro fue en 1938 con The Terror of Tiny Town. El rodaje, la historia, el guión, todo tenía el aspecto de un western clásico salvo un minúsculo detalle: todos los actores eran enanos. Las entradas a cámara lenta en los bares se producían por debajo de las puertas vaivén y las persecuciones a caballo se llevaban a cabo en ponis. Fueron tan grandes las hazañas de estas pequeñas personas que al año siguiente interpretaron a los munchkins en El mago de Oz. ¿Se inspiró el creativo de este anuncio en esta joyita?

 

El terrorífico oeste: Billy the Kid vs. Dracula (William Beaudine, 1966)

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Las películas de superhéroes están a la orden del día. Hay quien se atreve a decir que han salvado Hollywood y no creo que esté muy desencaminado. Sea como sea, lo interesante de este tipo de cine es ver cómo grandes héroes se enfrentan a grandes villanos. Basándonos en esta premisa y corroborando que los cruces de géneros son un invento más antiguo que los duelos al sol, el prolífico director William Beaudine (más de 350 películas a sus espaldas) reunió a Billy “el niño”, el legendario forajido estadounidense, y lo enfrenta contra la peor de las pesadillas: el mismísimo Conde Drácula. Por lo menos eso es lo que dice el título porque en la película nunca se le nombra de esa forma al vampiro que daba vida John Carradine por problemas de derechos. El resultado es una abominable creación rodada en ocho días que empieza siendo curiosa y extravagante y termina como comedia negra.

 

La vuelta del terrorífico oeste: Jesse James Meets Frankenstein’s Daughter (William Beaudine, 1966)

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La pesadilla no termina con la primera entrega. Esta película es la segunda parte de la dupla de western terrorífico de William Beaudine y Carl K. Hittleman. En el mismo escenario vuelven a enfrentar a dos nombres archiconocidos: Jesse James, otro forajido estadounidense conocido por la traición que suposo su asesinato; y la hija de Frankenstein. Esta primera falacia en el título (en realidad se trata la nieta) sirve como aviso premonitorio sobre lo que vamos a encontrar en la película. El compañero de Jesse James se convierte en el monstruo que aterrorizó a Europa en los años 50 y el forajido tendrá que darle caza. 

 

El robótico oeste: Almas de metal (Michael Crichton, 1973)

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Aunque no se trata de un western al uso, tiene lugar en un parque de atracciones temático futurista, su principal acción se desarrolla en Westworld, la zona temática centrada en el lejano oeste. El renombre de Michael Crichton, director y guionista, precede a esta historia donde los robots androides que componen los diferentes parques temáticos se descontrolan y matan a todos los visitantes. Los protagonistas deberán desenfundar rápido para poder salir del mismo con vida. Curiosamente fue pionera en muchos sentidos: en incorporar imágenes generadas por ordenador en dos dimensiones, en usar el formato anamórfico y en mostrar un oeste futurístico que daría pie a desarrollar los género del space western y sci-fi western. Su éxito llevó a crear una secuela, Futureworld (1976), que rompió el saco de la avaricia y fue aniquilada por la crítica.

 

El oeste espacial: Alien Outlaw (Phil Smoot, 2005)

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Aunque se trata de una película sin sentido, cuyo único aliciente para verla son las pistoleras semidesnudas que la protagonizan, fue una de las primeras en desarrollar el concepto de space western. Una serie de alienígenas aterriza en la tierra para divertirse aniquilando humanos. Su prolífico director, Fred Olen Ray, es conocido por crear películas con el menor presupuesto posible y en el menor tiempo posible. Este hecho, junto con el reclamo de la película (“Sólo una mujer tiene los huevos para contraatacar”) y que para el director el mejor efecto especial es mostrar a una actriz en top-less, define a la perfección el resultado: una creación casera con una línea argumental erótica y gente vestida de carnaval.

 

 

El oeste steampunk: Wild Wild West (Barry Sonnenfeld, 1999)

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Comedia ambientada en un oeste en el que se introducen creaciones mecánicas muy avanzadas para su época. El malo malísimo, que recuerda al Moriarty de Conan Doyle, amenaza al gobierno de los Estados Unidos con su maquinaria experimental de destrucción masiva, que no tiene rival en un momento en el que lo más avanzado eran las locomotoras. Dos pistoleros (Will Smith y Kevin Kline) y un destino, un bellezón (Salma Hayek) por la que luchar y una infinidad de efectos especiales que, con 180 millones de dólares, la convirtieron en la película más cara de 1999… y en uno de los grandes fiascos de todos los tiempos. Además, Will Smith rechazó el papel protagonista de Matrix  por esta película; “la peor decisión de mi vida”, dijo. ¿Y qué hay de la canción que hiciste para la película, Will?

 

El alucinógeno oeste: Blueberry, la experiencia secreta (Jan Kounen, 2004)

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Adaptación a la gran pantalla del comic francés Blueberry, ilustrado por el genial Jean Giraud, más conocido como Moebius. Este western con un desarrollo argumental clásico, un vaquero que es criado por indios se convierte en marshall para mantener el orden entre ambos pueblos, pasa a engrosar nuestra lista del western más raruno. ¿El motivo? La sobredosis de terapia alucinógena, pseudofilosofía y chamanismo por la que tiene que pasar el protagonista para llegar al fondo de sus recuerdos de infancia, que resolverán todos los conflictos. 30 minutos de efectismo y gráficos tridimensionales muestran la mente de nuestro protagonista mientras navega a través de sus recuerdos. Una especie de Celda –sí, ese horror protagonizado por Jennifer Lopez– del lejano oeste que escasea en referencias a la obra original y las buenas críticas.

 

El oeste samurai: Sukiyaki Western Django (Takashi Miike, 2007)

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Takashi Miike no deja indiferente y siempre consigue dividir a la crítica: o te encanta o le odias. Sukiyaki Western Django no fue una excepción. Jugando en su título con un plato japonés (sukiyaki) y el nombre del famosos spaghetti western de Sergio Corbucci, Django (1966), nos introduce en un oeste con aires orientales. Los escenarios son pueblos perdidos en desiertos pero al estilo pagoda, las pistolas se combinan con katanas y los cowboys visten estampados de flores y dragones con aires Final Fantasy. Este pastiche se entremezcla a la perfección con guiños del clásico western, ritmo dramático oriental y un toque de frikismo aportado por el personaje que interpreta Quentin Tarantino. La guinda que colma el pastel, y que rompe el clímax tan bien recreado por Miike, es que no tiene versión original ya que los actores asiáticos escupen sus diálogos en un pésimo inglés, aprendidos de memoria y recitados como un opositor.

 

El animado oeste: Rango (Gore Verbinski, 2010)

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Si quitamos a personajes como el valeroso Woody de Made in Taiwan, perdón Toy Story (1995), el ratón Fievel y alguno que escapa a mi memoria, Rango es la primera película de animación por ordenador centrada en el lejano oeste. Su perspectiva es totalmente distinta a lo que estamos acostumbrados a ver, ya que el protagonista es un camaleón y el pueblo perdido en el desierto se ha construído con restos de basura. Como buen camaleón, Rango, tendrá que adaptarse a las impredecibles situaciones del western más clásico, lejos de su añorado terrario. Allí le proclamarán sheriff después de esparcir una historia inventada, teniendo que luchar contra serpientes y lagartos para conseguir el bien más preciado: el agua. Su protagonista, hecho a medida de Johnny Depp, consigue que la película sea divertida y se desarrolle a buen ritmo. Por su camisa, andares y expresiones recuerda a Hunter S. Thompson, protagonista de Miedo y asco en Las Vegas (1998) y la próxima The Rum Diary, también interpretado por Depp. ¿Coincidencia? Evidentemente, no.

 

El oeste seriéfilo: Serenity (Joss Whedon, 2005)

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Para entender Serenity (2005) hay que remontarnos al universo seriéfilo con Firefly (2002). La corta historia de esta serie de ciencia-ficción ambientada en un oeste futurista pero indeterminado, sólo emitió 11 capítulos hasta que FOX la cancelara, tuvo un impacto muy fuerte en el público, cosechando un número elevado de fans acérrimos. Éstos consiguieron que la edición en dvd batiera todo tipo de records y motivaron a producir un largometraje, Serenity. Comienza donde la serie termina y muestra la historia de una nave con 9 tripulantes, todos luchadores del bando perdedor de una guerra civil. Describe un mundo dominado por dos superpotencias, Estados Unidos y China, que se unen para formar el gobierno federal central, la Alianza. La mezcla entre el clásico western y las tecnologías más futuristas simbolizan una metáfora en la que se puede leer: por mucho que se avance el mundo, seguiremos teniendo los mismos problemas políticos, morales y étnicos.