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The Witcher 3 Wild Hunt

The Witcher 3 Wild Hunt, la tercera entrega “videojueguil” de las aventuras de Geralt de Rivia, podría convertirse en el juego del año.

Por - 25 de mayo de 2015

La tercera entrega “videojueguil” de las aventuras de Geralt de Rivia podría convertirse en el juego del año.

“The Witcher 3: Wild Hunt” no inventa nada nuevo. Ni su premisa ni su planteamiento. Ni siquiera la idea original. “The Witcher 3” es un Action RPG, en un mundo abierto de esos con muchas misiones secundarias y su trama es la adaptación de una serie de novelas de fantasía épica de un escritor polaco. Para colmo su llegada a los jugadores viene de la mano del “downgrade” respecto al material promocional y cierto número de bugs y problemillas técnicos.Y sin embargo podemos estar hablando del juego del año.

¿Cómo puede ser esto? Realmente no creo que exista una respuesta sencilla. Estamos saturados de juegos de este tipo e incluso empezamos a (mal)acostumbrarnos a que nos lleguen juegos que en el día del lanzamiento necesitan urgentes parches que arreglen algún que otro desaguisado. A pesar de de la gran calidad de las novelas en las que se basa, el protagonistas de este juego y su mundo son principalmente conocidos por el público por su adaptación, así que tampoco podemos decir que este producto pueda disfrutar de la fama de otras franquicias más de moda. Y a pesar de todo, no puedo dejar de jugar a “The Witcher 3”.

Técnicamente, el juego es una maravilla. Sí, las versiones de consola han llegado un poco “recortadas” a nivel gráfico respecto a lo que pudimos ver en diferentes vídeos publicitarios antes del lanzamiento, ¿pero qué importa que las ramas de los árboles tengan unos cuantos polígonos menos cuando puede cabalgar hasta el agotamiento por un mapa enorme lleno de detalles y sorpresas? Sí, se me ha colgado un par de veces mientras jugaba. Pero, a pesar de que no sea una excusa, recuerdo muy pocos títulos de este calibre (si es que recuerdo alguno) que en los últimos años no estén teniendo problemas durante las primeras semanas. Pero eso no me ha detenido para volver a jugar: “The Witcher 3” atrapa. Y eso que para muchos la saga de libros de Geralt de Rivia en la que se basa tal vez no tenga la grandilocuencia de la obra de Tolkien o esté tan de moda como la de Martin. Tampoco hablaré en detalle de esos libros, simplemente diré que el juego está empapado de su realismo sucio, a pesar de ser un mundo fantástico poblado de monstruos. Y es que el juego adapta perfectamente el carisma del protagonista y la naturaleza de su entorno moralmente gris y lleno de vilezas.

Dicho esto, y asumiendo que “The Witcher 3” no inventa nada nuevo, simplemente diremos que lo hace mejor. Y no porque el juego sea un portento técnico (que lo es) muy superior a otros títulos. Creo que simplemente “The Witcher 3” es mejor porque sabe que lo es. ¿Suena raro? “The Witcher 3” parece haber sido desarrollado de espaldas al mundo, una concepción algo ombliguista cuya meta ha sido la de adaptar esas novelas de una manera que sea divertida para el público, crear un juego bonito, interesante e infinitamente rejugable. Tal vez centrarse en que las misiones secundarias sean divertidas y diferentes (desde buscar una cabra perdida a realizar rituales mágicos a fetos abortados) en lugar de pensar cómo mutilar el juego de manera que permita posteriormente las piezas como DLCs tiene algo que ver. A lo mejor preferir un sistema de juego y gestión del personaje sencillo y agradable en lugar de simplemente apabullar con artificios también tiene que ver. Tal vez sea preferible crear una trama interesante, en la que las decisiones del jugador sean significativas para el desarrollo de la historia, y conseguir que el jugador se involucre, más que enfrentarle a la gran amenaza mágica de turno que hemos visto explotada hasta la saciedad en otros títulos…

He explorado bosques más abarrotados que la cola del Carrefour un viernes por la tarde de personajes no jugadores que no han conseguido hacerme sentir que estaba en un bosque real ni la milésima parte de lo que lo ha conseguido “The Witcher 3” sin enseñarme más que alguna triste liebre bajo una lluvia torrencial.

Creo que “The Witcher 3” ofrece lo que ofrece todos, pero su genialidad está en ofrecerlo de tal manera que lo realmente importante ya no es el resultado final del juego, si no la experiencia del jugador en él. Y para conseguir que esa experiencia sea realmente inolvidable, hay que hacer lo mismo que los demás, pero de manera diferente.

“The Witcher 3” es un ejemplo de que se puede mejorar algo que ya funcionaba a medias prestando atención a los detalles que fallaban. El resultado es un éxito.

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