Vengadores: La era de Ultrón

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Por - 22 de abril de 2015

Salimos aplaudiendo con las orejas después de ver Los Vengadores. Era la unión de fuerzas perfecta. La melena rubia de Thor, la ira verde de Hulk (el mejor, el de Mark Ruffalo), la inocencia cute de Capitán América, las armas fatales de Viuda Negra, el ojo avizor de Ojo de Halcón y, por supuesto, el carisma irónico y algo cabrón de Tony Stark. Joss Whedon había elevado el entusiasmo geek a cotas inimaginables, pero también había cautivado a audiencias no iniciadas en el mundo del cómic con sus chistes estratégicamente colocados y esos actores crecidos ante el peligro.

Whedon parecía haber logrado lo imposible, el tebeo en pantalla perfecto, el equilibrio ideal entre acción heroica y chascarrillo. Los Vengadores era diversión para toda la familia. A esa estela se agarró Guardianes de la galaxia, superando incluso a sus predecesores y poderosos colegas con su declaración de nostalgia. Y cuando de Vengadores: La era de Ultrón esperábamos más de lo mismo, más diversión sin complejos, nada de tomarse en serio esas capas y esos superpoderes, de repente… ¡Boom! Whedon lo vuelve a hacer: le ha dado la vuelta a esta tortilla de egos que tiene entre manos, y ha conseguido encontrarlos y cuajarlos a todos en una película mucho más oscura, mucho más compleja, y que, sin duda, le dedica más guiños a los fans marvelitas que al público de a pie. Aunque quizá sólo haga falta haber visto todas las películas estrenadas hasta ahora (de Iron Man a El soldado de invierno), y no necesariamente saberse los cómics de corrillo, para seguir todos sus hilos.

Whedon ha decidido sacrificar parte de la diversión pura y dura de la primera y marcar un nuevo tono que tiene más futuro si la saga (o sagas que puedan salir de aquí) va a continuar hasta el infinito. Conserva lo mejor que tuvo aquélla por ese balance entre acción y diálogo, entre adrenalina y risas, pero le otorga más peso a las historias personales de estos héroes siempre en crisis. A Tony Stark le da un poco de su propia medicina con un villano a su altura: Ultrón (la voz en versión original de James Spader es una maravilla), un ser avanzado con una idea peculiar del progreso humano y una lengua afilada. Ejem, Tony. Da tanto en el clavo con su sarcasmo como con sus armas. Y esas conversaciones filosóficas con los nuevos personajes, especialmente con Visión (esa elegancia de Paul Bettany), le suman puntos de complejidad a la película.

La era de Ultrón, además, les hace justicia a Hulk, Viuda Negra y Ojo de Halcón con tramas muy superiores a las de Thor o Capitán América. Y, sobre todo, con mejores líneas de diálogo. Ojo de Halcón, de hecho, tiene la frase de la película, la clave para desmontar la teoría de todo aquel que creyera que Whedon se estaba tomando todo este ejército de robots demasiado en serio. Una seriedad que, por cierto, traen consigo los gemelos Wanda y Pietro, especialmente ella, que, con su poder telepático, coloca a los Vengadores frente a sus fantasmas más oscuros. Pero lo que no mata, a los Vengadores sólo les hace más fuertes. Y los excesos les sientan bien, porque detrás de todos ellos está la mano firme de Whedon, que sabe cómo darle brillo a las armaduras sin repetir todos sus trucos.

¿Recuerdas Los Vengadores? Olvídala. La era de Ultrón, más compleja, redefine la saga.

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