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Trainspotting

JÓVENES AIRADOS

1. VER LOS TRENES PASAR. La cosa empezó regular. Irvine Welsh, que fue siempre un poco raro (“el Céline escocés”, escribió sobre él otro iluminado), no quería que su novela Trainspotting se convirtiese en una de esas películas sociales semi documentales como las que hacía Ken Loach para la BBC en los 70. Este tío, pagado de sí mismo y de su éxito con el libro, quería que esa peli la viese todo quisque. En Leith, su barrio, y en el mundo entero. Quería glamour y estrellas alrededor de sus drogatas, quería más marcha de la que jamás se hubiese visto en la vieja Escocia. Y no acababa de fiarse de que aquellos tipos a los que había vendido los derechos (Andrew Macdonald y el director Danny Boyle) y que venían de romper la taquilla con el “Si no puedes fiarte de un amigo, ¿entonces, qué?” de Tumba abierta. Por Dios, debió de pensar, estos me quieren meter el monólogo que va en mitad del libro al principio de la película, pardillos. ¿Y el tal Ewan McGregor? Si es un zumbado que quiere inyectarse heroína para prepararse mejor para el personaje. Ni Stanislavsky ni gaitas. Nada bueno podía esperarse de todo aquello.

El poder de la cultura popular en Reino Unido hizo el milagro. Eso, y una planificación de marketing calcada de la de Pulp Fiction. Se nos echaron encima desde el país que mejor envuelve nuestras pasiones, covirtiéndolas en pop: la película comparte el influjo de los vídeos de Spike Jonze para los Beastie Boys y de los ladrones de bancos de The Clash con la literatura de Thomas Pynchon, con el juego entre realidad y terror del pintor Francis Bacon, con el carisma del Michael Caine de Alfie aplicado a McGregor, con el barullo genial de La naranja mecánica de Kubrick y hasta con el mostacho del delantero del Liverpool Ian Rush en la jeta de Begbie. Todo eso es Trainspotting. Y todo eso fue lo que paseó los pósters anaranjados, el texto de las elecciones vitales de Renton y su score por el mundo entero. Mientras, en España, se estrenaba Historias del Kronen, que, en fin, no está mal, pero no es lo mismo. Hoy Irvine Welsh recuerda aquel lío con cariño (y con muchos royalties) desde su retiro en Illinois. Otra cosa no, pero allí ve pasar trenes a punta pala.

2. 21 AÑOS NO ES NADA. Ni son ya tan jóvenes ni parecen tan airados, pero el impacto de su regreso es un cañón. Un cañón cargado por el diablo, que se ha interpuesto en el camino que va del “No se necesita ver ninguna otra película este año” que podía leerse en 1996 al “Todos teníamos mucho miedo de hacer una mierda” de los protagonistas de T2 Trainspotting más de dos décadas después. Eso fue un poco antes incluso de que le hubiesen robado las siglas de su secuela al Terminator de James Cameron en ese extrañísimo título que parece una terminal de aeropuerto. Así que, oscilando entre la genialidad y el pánico, nos situamos ante el regreso de la banda de Edimburgo. No ha sido fácil; el gran McGregor, todo frescura entonces, ha tenido que perdonarle a Danny Boyle (tras Una historia diferente no volvieron a trabajar juntos) que le dejase en la estacada por DiCaprio con el prometido papel de La playa. Hoy Ewan McGregor no necesita meter el tarro en un váter ni pincharse heroína para cumplir el Método de Lee Strasberg. 21 años después hemos querido unir al Renton de 1996 con su alter ego de 2017. Ya no tan joven ni quizá tan airado, pero con toda su capacidad de sorpresa intacta. Como esta revista.

3. BIENVENIDOS, MAESTROS.  Como un chute de amor por el cine, como un colocón de energía. Así empezamos 2017 gracias al nuevo equipo que va a colaborar en esta aventura diaria que transmite locura por el cine y las series a cientos de miles de cinemaníacos desde el papel, la web, las redes sociales y en todo tipo de eventos. Desde ahora nos vamos a guiar aún mejor gracias al talento (y a la luz del Oscar de Mar adentro) como productor de Fernando Bovaira, a la exitosa experiencia en todo el universo audiovisual de Ignacio Corrales, a la extraordinaria capacidad para la puesta en marcha de proyectos de cine y TV de Mercedes Ezpeleta, al reputado conocimiento empresarial de Bosco Salaverri y a la enciclopédica sabiduría en el mundo de las series de Toni de la Torre. Bienvenidos a casa. Así nos las gastamos en CINEMANÍA: pedimos consejo a los que de esto saben. No como esos gobiernos que nombran directores generales de Cinematografía y directores de la Filmoteca a funcionarios que ignoran todo lo que rodea a nuestro cine. Aquí somos todos cinemaníacos. Y tú, querido lector, el primero: eres nuestro consejero favorito.

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