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Star Wars: El despertar de la Fuerza

DIRECTOR´S CUT: SIEMPRE NOS QUEDARÁ LA FUERZA

 

1. PADRE NO HAY MÁS QUE UNO. No soy starwarsmaníaco de primera hora, lamentablemente. Con cuatro añitos mi madre me llevó a ver La guerra de las galaxias (ya sé, ya sé, ahora lo llamáis Una nueva esperanza) en un cine de reestreno de Barcelona y tuvo que sacarme de allí del miedo que pasé. Menudo disgusto. Jugué con los muñequitos, tampoco mucho. Todavía no había Lego Star Wars, qué pena. Las otras dos de la terna cayeron en uno de aquellos VHS de carga superior que parecían una nave del imperio. Y el Episodio I de la segunda trilogía me pilló en mi verano de becario en CINEMANÍA. Vamos, que estaba tan emocionado con cubrir lo que fuese que hasta Jar Jar Binks me parecía simpático. A partir de ahí vi gestarse todas las portadas que esta revista le ha dedicado al fenómeno, hasta las dos de este año en que mi hijo mayor, de cuatro años y sin miedo, va por casa gritando sin saberlo el spoiler más preciado de la historia del cine. “¡Soy tu padre!”, me espeta a mí, que soy su padre, blandiendo amenazadoramente un peluche de Darth Vader. No, no soy un warsie, pero me doy cuenta de que muchos hemos nacido y crecido con Star Wars desde su origen, y que esta nueva trilogía esperanzadora (la anterior nos dejó mucho merchandising y un poco aturdidos) va a conseguir extender esa empática sensación de pertenencia a nuevas generaciones. Por eso miro con mucha envidia sana a los que mantienen siempre un pie en el universo galáctico de George Lucas. Porque van por la vida con otra soltura. Da la sensación de ser una experiencia muy liberadora. Es la eterna dualidad del cine: además de evadirnos, cuando menos te lo esperas te deja claves para cuando no vemos por dónde nos llega el lado oscuro. Aunque sólo sea para recordarnos las prioridades en la vida. Esperamos la nueva hornada de Star Wars, para poder seguir con el debate a espada láser entre buenas y malas trilogías y montarnos el altar en casa, pero también para escapar un momento de este mundo cuando, como ahora, tantas cosas se ponen feas.

2. HIMNO. Jean Renoir lo hizo antes, en La gran ilusión. Sus prisioneros franceses entonaron el himno contra sus carceleros alemanes. Pero todo el mérito de poner a cantar La Marsellesa en pantalla se lo llevó Michael Curtiz. A mí me gusta creer ese cuentito que dice que Howard Hawks iba a dirigir Casablanca y su amigo Curtiz se encargaría de El sargento York, hasta que un día, después de una comilona bien regada, en una sobremesa de Dry Martinis y vivas a la virgen, decidieron intercambiarse los proyectos como si fuesen ligues del insti. Me va la idea porque tiendo a imaginar que todo lo bueno de la película más mítica de todos los tiempos (no la mejor, por supuesto, pero los sueños de seductor de Woody nos hicieron tanto daño sentimental como Ilsa a Rick) se lo dejó escrito Hawks (que era un genio) a Curtiz (que era un buen tipo) en una servilleta. De ser cierto, la escena de La Marsellesa en Casablanca sería del director de La fiera de mi niña, Tener y no tener y Río Bravo sólo porque le encantaba meter a gente canturreando en sus pelis. Más de 70 años después, todavía tiene sentido cantar La Marsellesa ante el terror. Por si te quedaban dudas cuando leíste un poco más arriba que Casablanca sigue siendo la película más mítica de la historia.

3. EL LADO PARISINO DE LA FUERZA. Hay otra película en la que se vocea La Marsellesa contra unos nazis. No es la mejor, tampoco la más mítica, pero es la que me ha marcado hasta convertirme en un friki sin remisión. Ha hecho incluso que la confunda con la realidad. El momento cumbre al final de Evasión o victoria en el que el pueblo canta el himno francés en el estadio de Colombes en París (se rodó en el MTK Stadion de Budapest, que acaban de demoler) como respuesta al terror de los invasores, me ha aturdido: pensé que el verano de 1944 era en realidad un 13 de noviembre de 2015 en Saint-Denis. Menos mal que, de repente, Sylvester Stallone para un penalti a la remanguillé, y con el shock te das cuenta de que sabes en qué día vives y ya distingues lo que está bien de lo que está mal. Nadie imaginaba hace una década, tras La venganza de los Sith, que estrenaríamos una nueva trilogía de Star Wars. Pero tampoco que aún estaríamos bajo el terror de los integristas, que acababan de dejar 200 muertos en Madrid. Tranquilos, nos queda la renovada Fuerza para evadirnos, La Marsellesa para señalar a los fanáticos y Stallone para despertarnos.

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